miércoles, 18 de julio de 2018

El caos de Charly García en dos discos: La hija de la lágrima (1994) y Say No More (1996)


Difícilmente un artista no plasme en sus obras lo que le pasa en su vida diaria. Algunos lo hacen a consciencia, escribiendo, por ejemplo, un relato basado en una experiencia reciente que los impactó, inspiró o maravilló por algún motivo. Incluso algunos optan por ni siquiera cambiar nombres de personas o lugares, jugando con la no ficción. Pero incluso en las obras de aquellos que intentan lo contrario, es decir, alejarse de sus propias vidas para contar otra cosa, hablar de otras realidades, igualmente se filtra algo de lo que les está pasando. A veces lo que se filtra sin buscarlo es mucho más elocuente y dice mucho más sobre el artista que si editara y vendiera su diario íntimo. Sobre todo cuando se trata de alguien con una profunda vocación artística, alguien como Charly García. El mismo que a los cuatro años daba conciertos en teatros y a los doce era profesor. El mismo que se ha pasado toda su vida tocando, componiendo y escuchando música. Oído absoluto, sí, pero principalmente un hombre sensible, característica fundamental para vivir haciendo arte, para concebir la vida -o muchos de sus aspectos- a través del arte.


Creo que hay dos discos en los que Charly expuso más de sí mismo y de su realidad inmediata: La hija de la lágrima (1994), y Say No More (1996). Ambos constituyen la faceta menos accecible de su carrera, la más controvertida. Con La hija de la lágrima se abría de forma oficial la etapa de caos y confusión que iba a derivar en Say no more, su continuación natural, disco en el que Charly definitivamente se cansa de la canción pop tradicional, la destruye, junta sus pedacitos, agrega piezas de cualquier cosa que tuviera a mano y crea una bomba atómica. Es curioso entonces que éstos sean los discos que más pistas dan acerca de los procesos internos, sentimientos y vivencias del músico, teniendo cuenta su afán por desestructurar cualquier relato lineal, tanto en lo lírico como en lo musical.





Charly García en los noventa se volvió un blanco fácil para los medios de comunicación masivos, que empezaron a seguirlo a todos lados esperando que hiciera algo filmable; que le pegara a un camarógrafo, que insultara a alguien, que dijera algo irónico y ambiguo, que tirara una guitarra o que se fuera del escenario después de haber tocado veinte minutos y de la peor forma posible. Lo seguían y lo incitaban a que fuera violento, a que se descontrolara. Muchas de sus actitudes caóticas fueron tapas de revistas, no así sus discos o sus recitales -salvo aquellos en los que tocaba especialmente mal o agredía a alguien-. Es decir, los medios que lo empezaron a nombrar y a perseguir se mantuvieron a una distancia importante de toda su obra, especialmente de la que estaba creando por esos años.

Por el contrario, Charly no mantuvo alejada su obra de lo que estaba pasando a su alrededor, más bien diría que incorporó sus vivencias con una profundidad inédita hasta ese momento de su carrera; su principal método de comunicación a través del arte en esta nueva etapa estuvo marcado por la estructura de sus discos. La hija de la lágrima es el principio de la destrucción, un disco donde cada una canción normal, estructurada, hay dos o tres piezas instrumentales, de tono experimental, generando una sensación de aparente incoherencia o discontinuidad en la suma de sus partes. Ya en este disco Charly comienza a insistir en determinados conceptos que se repiten a lo largo del disco, que desaparecen y vuelven a aparecer varios minutos después. Son los conceptos constantes que luego volverían en Say no more de una forma más explícita. Las repeticiones y reincidencias se dan en sonidos, melodías y frases, palabras.
La hija de la lágrima es, quizás, la protagonista de este disco conceptual, una protagonista difusa, bastante abstracta, que aparece en algunas líneas y rápidamente vuelve a ocultarse, como un fantasma. Parece ser quien habla en Love is love: "Hoy estoy aquí/rodeada de las cosas que no vuelan". Se presenta como un ser femenino, y también deja entrever su condición extranjera: "Yo vengo de otra guerra/de otro sol". Esta es una de las tantas canciones donde García habla de amor como un elemento crucial en la transformación del ser, en la exaltación de la existencia.
Otro de los conceptos constantes de este disco es el mercurio. En Kurosawa -una de las canciones más lindas y desgarradoras que hizo Charly-, el mercurio es mencionado como un impedimento, algo que no permite avanzar. El mercurio es una sustancia que, si se consume de alguna manera, no puede expulsarse del organismo jamás. La tapa del disco es una lágrima dura, suspendida, de piedra o quizás de mercurio. Una lágrima que no se va, un dolor constante

La hija de la lágrima es un disco lleno de dolor. Es un dolor esquivo pero constante. Se hace notar en las canciones más melancólicas -Kurosawa, Andan, Víctima-, luego se repliega en las piezas experimentales o en los momentos más rockeros -La sal no sala, Fax U-, pero siempre vuelve. De hecho, me parece significativo que la última canción del disco sea Andan, donde Charly habla de que algo, seres, ideas o sentimientos, vuelven todo el tiempo y no lo dejan dormir. "¿Será que estoy loco, nena?". Definir a Charly García como loco se volvió una constante en esa época; todo lo que hacía o decía parecía confirmarle a mucha gente que se estaba volviendo loco, si es que ya no lo estaba. Esta canción quizás hable de la locura como forma paralela de entender la vida, una alternativa a la percepción común y corriente de los fenómenos que atraviesan la existencia. Percibir más allá de lo común tiene que ser algo necesariamente doloroso. "La víctima despierta" dice en un momento Charly. La víctima que no puede dormir porque tocan su mente y lo quieren atrapar. La primer canción del disco luego de la introducción Overture, es Víctima, donde Charly se declara víctima de un mal extraño. Hay algo que no controla, que quizás lo controle y lo obligue a sentir cosas que no quiere. Años más tarde retomaría esta cuestión en Influencia: "Pero es muy difícil ver/si algo controla mi ser". Charly García, aquel que a partir de determinada época y durante años siempre se mostró en público como un rey, un emperador, siguió encontrando en la música un lugar de confesión.






La fragilidad de Charly en esa época se vio manifestada en crisis nerviosas, ataques de agresividad hacia todo, un par de internaciones psiquiátricas que no le sirvieron demasiado, consumo problemático de merca y alcohol, consumo de pastillas recetadas por médicos, alimentación desordenada, etc. O se podría pensar que todo lo anterior fueron las causas de su fragilidad. Puede ser, en parte, pero tengo la sensación de que su desorden tiene más que ver con una búsqueda constante de estímulos, incluyendo atravesar todos los límites posibles para ver qué hay más allá, más allá de todo. Experimentar con drogas, no dormir, estar cuatro días seguidos rodeado de instrumentos para grabar, entre otras cosas, parecen síntomas de alguien que está aburrido de lo que puede encontrar si se queda quieto. Porque ya sabe lo que va a encontrar. En cambio, moverse en los límites implica el peligro de lo desconocido, que puede ser destructivo o estimulante. En ese sentido se lo puede pensar como un mártir, un tipo que se inmola para ir a ver qué hay más allá de lo que vemos todos, para volver y hacer un disco, o para volver lleno de desprecio y destruir todo lo que se le presentaba como estable. "Algo va a caer" dice al principio de La hija de la lágrima, y anuncia todo lo que vendría después. Esas palabras señalan la fragilidad del que está en el borde, justo antes de sumergirse en la locura, en el caos. Es el último momento de lucidez antes de perder voluntariamente una parte de su ser y transformarse en esa criatura peligrosa y repulsiva que se iba a autodenominar Say No More.

La vida pública de Charly García siguió confundiéndose con la privada. Su casa se llenaba de gente, no había calma casi en ningún momento. Los periodistas seguían expectantes ante cualquier posible exabrupto, la prensa le pegaba cada vez que podía, encima sus presentaciones en vivo venían siendo cada vez más desprolijas, motivo suficiente para que el mito de un Charly decadente, destruido, al borde la locura siguiera creciendo. Su última internación había sido en 1993, pero más adelante en varios momentos todo parecía indicar que otra internación era inminente. Charly parecía contribuir gustoso a la nueva imagen que la opinión pública se había construido de él: aparecía en cualquier parte llamando la atención con tal de que lo grabaran, le tomaba el pelo a cualquiera que quisiera ayudarlo, no dormía, comía poco. Además, todo un concepto de la estética había empezado a implantarse en su vida, el concepto Say No More. Es decir, antes y después de sacar el disco en cuestión -1996-, García exploró el concepto que a través de catorce canciones iba a materializar, transformándolo en testimonio palpable de una forma de vida.

La hija de la lágrima ya había sido un disco caótico desde su grabación, teniendo en cuenta que Charly entró al estudio con sólo un par de canciones terminadas. Lo demás eran sonidos sueltos, partes de melodías, intuiciones que luego iría desarrollando hasta formar el disco. En Say No More esta veneración por el desorden se volvió parte del concepto del disco en sí mismo. Nadie parece saber muy bien quién grabo qué cosa, Charly usaba y despedía a los músicos según el grado de tolerancia que tuviera en cada momento. Lo que se sabe es que pasó muchas horas experimentando con distintos instrumentos, gastando fortunas en cosas que después no iba a usar nunca, grabando largas horas y después borrando todo, y que algunos meses después, de todo eso iba a surgir un disco.

Say No More es un mundo en sí mismo. Es un universo salvaje, caótico, lleno de capas que se superponen y se devoran. Charly incluyó fragmentos de diálogos de películas, fragmentos de canciones de los Beatles, ruidos, grabaciones de un contestador automático, instrumentos orquestales, teclados. Puso todo lo que se le ocurría, y a través de ese mar de sonidos inconexos fue construyendo un relato alucinado que insistía en determinadas ideas, casi obsesiones.
La idea de Say no more está todo el tiempo, como una especie de paradigma del no-lenguaje. Si la comunicación en La hija de la lágrima era un tema primordial en el sentido de que todo el tiempo peligraba su existencia -la comunicación con el exterior, con el otro, con uno mismo-, en Say No More aparece definitivamente distorsionada, casi irreparable. "No digas nada" grita Charly en Estaba en llamas cuando me acosté, la poderosa canción que abre el disco y que bien podría funcionar como su síntesis: falta de estructura, sonidos que se superponen, grabaciones de varios tipos, la voz raspada
de Charly intercalando gritos con susurros de dolor.
La imagen de un hombre que se acuesta en una cama en llamas es muy poderosa. La imagen de un hombre en llamas también lo es. Todo este disco parece estar en llamas, pero en un fuego perpetuo, que destruye y construye.
Una de las canciones experimentales de este disco se llama Constant concept, una de las puntas que García venía desarrollando desde el disco anterior, la de los conceptos permanentes, que parecen irse pero vuelven más adelante para repetir lo mismo una y otra vez. En este disco se habla poco pero se insiste mucho.

Más allá de la insistencia en Say No More por abolir las convenciones de la música pop, Charly se permite incluir un par de canciones que conservan su gusto por las melodías lindas. Cuchillos es una canción hermosa, muy melancólica, que remite a las baladas más intimistas de su carrera. Say No More es otra de las canciones "escuchables", aunque está lejos de ser un hit radial. La letra es cruda, "Amaste/curaste/te fuiste/pediste perdón", la voz desgarrada de Charly aporta mucho al dramatismo general del tema, los violines crean un clima casi psicodélico. "Alguna vez/algo tenía que pasar/no sé si lo entenderás". Algo se tenía que mover, o tenía que continuar moviéndose. Algo iba a caer, y cayó.

Say No More es el testimonio de un hombre en llamas, de un artista aburrido. Es un disco que atraviesa su propia condición de disco como conjunto de canciones, y se expresa a través del concepto puro. La abstracción es lo que queda cuando ya se habló mucho. No decir nada. El caos y el silencio parecen métodos de comunicación más efectivos después de atravesar el mar del lenguaje.

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