martes, 22 de diciembre de 2015
Crítica de Nidal - Buenos muchachos
Hace un rato me decidí a ordenar y limpiar mi cuarto después de algunos meses. El disco que elegí para musicalizar dicha tarea fue Nidal, el reciente trabajo de los Buenos Muchachos. Me regalaron el disco hace aproximadamente un mes y desde entonces lo habré escuchado cerca de quince veces completo. Por el tiempo transcurrido desde su salida, no puedo hablar de Nidal como un disco que me traiga recuerdos o que me devuelva emociones perdidas de otras épocas; no obstante, a lo largo de las doce canciones voy explorando nuevos lugares a la vez que encuentro reminiscencias del pasado. Es que este disco es el resultado de un progreso musical que ya se evidenciaba en Se pule la colmena (2011), sobre todo en la falta de explosión rockera que contenían otros discos, aunque sigue manteniendo la oscuridad característica de la banda. La oscuridad de la que hablo adquiere otro sentido, está más ligada a la estética musical que a una serie de emociones concretas. En otros discos uno podía sentir turbiedad en algunas canciones, tanto en momentos de distorsión y gritos desgarradores de Pedro Dalton, así como en piezas íntimas con guitarras acústicas siendo protagonistas. Además las letras solían ser enmarañadas, denotaban angustias, conflictos personales y no parecían contener demasiadas expectativas para el futuro. Definitivamente las letras de Nidal van por otro lado. Primero quiero mencionar que personalmente estas nuevas letras de Dalton me resultan de una mayor sencillez comparadas con las de antaño, pero esto no quiere decir que hayan perdido el misticismo que para mi gusto siempre tuvieron. Cuando digo sencillez me refiero a que son más directas, no contienen tantas imágenes abstractas y de difícil explicación, sino que van más al hueso, dicen las cosas de un modo cotidiano y eficaz. Claro ejemplo de ésto es la segunda canción del disco, A mi manera, tema que no deja lugar para la duda con respecto a su temática ya que la misma banda aclaró que trata sobre el colectivo Ovejas Negras. También quiero decir que me pareció interesante el hecho de que esta haya sido elegida como el corte de difusión, ya que escuchando el disco entero encontré otras canciones de estructura y melodía más "radial", y aclaro que no lo digo de modo despectivo. Quizá A mi manera sea la canción que mejor resume lo que uno puede encontrar durante todo el disco.
Hago un paréntesis para resaltar el arte gráfico del disco. Personalmente me parece un muy buen trabajo. Sobre todo me genera un gran placer visual el color elegido para el libro interno. Es un verde oscuro de tono sobrio que me gusta mucho y que concuerda con el clima general que tiene el disco en el aspecto musical. La tapa se basa en una fotografía antigua de unas mujeres sentadas cuyas figuras son difusas. Es una imagen algo tenebrosa. Me parece una gran tapa para un disco de Buenos Muchachos.
No quiero dejar de mencionar lo atractivo que me parece el nombre elegido para el disco. Creo que Nidal es una palabra que suena bien más allá de su significado, pero además cuenta con la virtud de resumir con pocas letras una de las principales características del disco: la calidez. Desde su grabación en donde los músicos convivieron en una casa de Solymar y terminaron las canciones allí, hasta sus letras, el disco nos remite a la calidez de un hogar, de un nido.
Volviendo a las letras, una canción como Bella y el bestia sigue la línea anteriormente mencionada, es decir, cuenta una historia que no es propia de quien la escribió, o sea, Pedro Dalton. La diferencia está en que en A mi manera el protagonista era el propio narrador, y aquí se narra en tercera persona. Aunque en este caso los protagonistas de la historia son dos: por un lado Bella, una mujer que se ve obligada a prostituirse para vivir, y el El bestia, también apodado "El corbata loca", que vendría a ser el proxeneta. La canción muestra de forma muy sentida la tristeza que ahoga a Bella por la situación en la que se encuentra y el cinismo con el que El bestia la trata. La letra ya contiene una comparación a lo Pedro Dalton: "la tristeza pesa como agua del bidet". Ésta es la única canción del disco que narra una relación entre dos personajes. En otras, diría que la mayoría, el narrador es en primera persona y narra situaciones o sentimientos íntimos, quizá sólo compartidos con otra persona que es apenas mencionada o es a quien van dirigidas las palabras. Tal es el caso de Viaje cerca, una canción que salpica belleza por donde se la mire, creo que mi favorita del disco; los juegos de guitarras que se mezclan en perfecta armonía, la voz áspera y dulce de Pedro y la letra que describe un viaje feliz, no una perdición o un escape desesperado, un viaje que uno hace sabiendo que va a encontrar tranquilidad, entre la mezcla de paisajes rurales y el calor de una compañía agradable; todo en ésta canción es bello.
Más atrás mencioné la falta de explosión rockera de éste disco, y dije que esa característica ya se podía notar en el disco anterior de BM. En Se pule la colmena uno de los cambios novedosos había sido la inclusión de instrumentos nuevos para ésta banda, ejemplo de ésto es Chispas de luna, canción que contiene un pasaje con un violín como protagonista. Mi disco favorito de los Buenos sigue siendo Uno con uno y así sucesivamente (2006), disco con canciones como Lengua distorsión o Milagros que atraen sobre todo por su potencia, su capacidad para desatar la energía en el momento indicado y hacer vibrar a cualquiera. Admito que una parte de mí esperaba que el nuevo trabajo de Buenos Muchachos tuviera algo de aquellas canciones, y cuando entendí por dónde venía la mano sentí cierta decepción. Pero esa sensación pasó rápido, ya que según mi criterio Nidal es tan bueno como los anteriores discos, sólo que su atractivo pasa por otras vías. En Nidal el sonido es más despojado, no logro advertir tantos detalles minuciosos detrás de los intrumentos, es un disco que suena a banda tocando en vivo sin demasiado filtro. La batería de José Nozar no suena a batería de rock, diría que su sonido tiende más a la percusión climática, ambiental. Hay un par de líneas de bajo que me parecen interesantes, como la de A mi manera, pero lo que más se destaca en el disco sin duda son las guitarras. Creo que en Nidal las mezclas de punteos, los riff y los solos llegan al punto más alto desde que la banda empezó a componer canciones. En todo el disco hay muestras de sobra de que El topo Antuña, Marcelo Fernández y Francisco Coelho, quien estoy casi seguro que graba por primera vez con BM, estaban muy inspirados.
Tonight es una canción definitivamente nocturna más allá de su título. Las guitarras de la introducción vuelven a ser excelentes a la vez que confusas, ya que luego de prepararnos para cierto clima, cambian de dirección y junto con la entrada de la batería, el bajo y unos preciosos arreglos de teclado, nos conducen hacia una pieza cargada de misterio y movimiento. Es la canción más movida del álbum y recuerda en el estribillo a Desestrés del disco Aire Rico (1999). La letra es enigmática al igual que la música, supongo que ésto se debe a que Pedro Dalton escribe sobre las canciones ya armadas y tanto la melodía como el clima que transmiten los instrumentos inevitablemente le marcan el camino que deben seguir sus palabras. Se hizo bosque ese desierto, con un riff más que interesante y una batería contundente, es la otra que podríamos denominar como "movida". El estribillo cambia completamente de ritmo, la canción adquiere un tono de balada, se agrega una voz femenina para acompañar a Dalton y declarar "Miro el tiempo/no importa más/mi pasado es corto/el futuro no sé bien qué es", y luego "Soy un niño/yo no sé qué es perder/mi pasado es corto/el futuro ya veré qué es". Es una letra bellísima en la que el narrador primero repasa sus "días de desencanto" donde reinaba la soledad del desierto, luego reflexiona sobre el punto en el que se encuentra y llega a compararse con un niño en el acto de casi no tener pasado, es decir, no le da demasiada importancia a lo que ya ocurrió, y sí fija la atención en el futuro aunque no tenga certeza con respecto a lo que eso pueda ser. Hacia el final la canción va ganando cada vez más intensidad emotiva y llega a un punto donde la voz de Dalton penetra la fibra más íntima de cualquiera que esté escuchando atentamente al cantar con una voz sumamente contundente: "fui regando con lágrimas/ese desierto que ves/hice bosques con lágrimas/me hice niño otra vez". En esos instantes es imposible no recordar a Sin más, del disco Se pule la colmena, canción que también sube y sube hasta que se desatan los versos finales con una efectividad infalible a la hora de erizar pieles.
El regreso es el tema que captó más mi atención cuando escuché el disco completo las primeras tres o cuatro veces. No sé si estoy en lo correcto, pero ésta es una canción que se me antoja con un clima de blues, blues oscuro. Es una canción lenta, melancólica; la letra está cargada con imágenes de trenes, vagones, esperas fastidiosas en las que uno extraña a alguien que se encuentra lejos, humo de cigarro como acompañante de la soledad que supone estar mirando un retrato y no a una persona real. Un claro paralelismo entre el estado de ánimo del narrador y el ambiente por el que se mueve. Vuelvo a lo que dije al principio: es una canción melancólica, con cierta oscuridad, pero no es una canción turbia, no encierra un clima desesperante como canciones de otros discos. Sino escuchen Iris de morfina, del Amanecer Búho (2004), y van a saber de lo que les hablo. Los dos tracks de los que hablé antes que me hacen pensar en antiguas canciones de BM. El regreso contiene una referencia mucho más explícita en ese sentido, y es que la introducción es casi idéntica a un pasaje de He never wants to see yo (once again), quizá el tema más conocido de Buenos Muchachos. Evidentemente esta inclusión nos habla de que más allá de la satisfacción que les produce encontrarse en pleno progreso musical, tampoco tienen interés en negar lo que hicieron años atrás en otros discos.
Sí barre es la única canción que canta Marcelo Fernández. Es la que sigue a El regreso y también continúa en una dirección decididamente melancólica. Diría que es la canción que recrea un clima más denso y más íntimo dentro de todo el disco, ayudado con una guitarra otra vez magistral, empezando con unos punteos delicados y -al igual que la voz- subiendo en intensidad a medida que avanza el tema. La letra sacada de contexto no sería demasiado interesante para mi gusto; sin embargo, dentro del clima que envuelve a la canción, creo que las frases se adaptan bien y logran una mayor solidez.
Sol troquelado es de esas canciones con una sencillez realmente atractiva. Las primeras estrofas son cantadas por Pedro con una guitarra acústica rasgueando como acompañante y unos arreglos creo que de teclado que le dan un toque mágico a la canción. Pasado un minuto, la guitarra acústica desaparece, la voz desaparece, una serie de efectos cuyo origen no logro distinguir ofician como fondo sobre el cual se comienza a desplazar una filosa guitarra eléctrica que paraliza con una serie de punteos lentos, nuevamente sencillos pero muy placenteros. Ésta canción, dada su austeridad, su intimidad y su ritmo pausado, me trae a la mente imágenes de un sitio donde anteriormente hubo mucho movimiento y que ahora está desolado, deshabitado; dejando de lado las connotaciones emocionales que éstas imágenes puedan sugerir, pienso en escenarios tan dispares como un campo de batalla lleno de cadáveres, una escuela de noche, una persona sola recorriendo las vacías habitaciones de su casa. Ahora, si nos apoyamos en la letra podemos, por ejemplo, descubrir una sutil y minimalista descripción de un atardecer: el sol que cae y se rompe; se esconde en su refugio pero queda su imagen en tu mente; cae el sol y vuelve a salir nuevamente. Claro que la imagen del sol es muy amplia y encierra muchas posibilidades poéticas, o sea que se le pueden encontrar mil interpretaciones distintas a la letra.
Repente es una pieza sin demasiada vuelta de tuerca pero que sin embargo me agarró desprevenido y me sorprendió -para bien- cuando la escuché por primera vez, y ésto seguramente se deba al contraste que genera la voz de Pedro alargando las vocales con lentitud y los coros que le contestan repitiendo "bien de bien bien de bien de bien", "el halcón el halcón el halcón", o "en la muerte la muerte la muerte". También hay cierto contraste entre la música y la letra: por un lado, las guitarras y las voces generan calma, se destacan por su capacidad para evocar paisajes naturales llenos de sutileza y armonía, mientras que la letra parece despreciar a alguien o algo: "tu final/no me duele/merecés todo el mal", "sos el mal sin querer sin pensar y crees/que sabés no sabés". No queda claro a qué o a quién se refiere, quizá teniendo una idea más clara de ésto podría entenderse el tono despreocupado de las palabras.
Solanne es la única pieza instrumental del álbum, y creo que supera en calidad a todas las otras instrumentales de Buenos Muchachos. Muchas veces los músicos hablan de lo arduo que es elegir la ubicación de las canciones dentro de un disco y de la importancia que ésta elección tiene. Bueno, creo que no podrían haber elegido un mejor lugar para ubicar a Solanne, Es una pieza que me transmite el sentimiento, no la idea, el sentimiento de que el final es inminente. Otra vez las guitarras son las grandes protagonistas, luciéndose al principio con una delicadeza y una intensidad que se va abriendo paso a medida que transcurren los segundos, hasta que al minuto y medio se llega a un momento sumamente ambiental que consiste en un fondo de efectos y una guitarra eléctrica que se pasea con lentitud y distorsión, muy similar a lo que ocurre en Sí barre, sólo que luego de éste momento intermedio de guitarra eléctrica levitando, llega la parte final compuesta por la percusión que va cobrando cada vez mayor importancia, una guitarra acústica que rasguea a un ritmo ni muy rápido ni muy lento, y unos coros lejanos que concluyen con esta interesante antesala para lo que va a ser el cierre del disco.
Curiosamente, el primer y el último tema son los que menos me atraen de Nidal. El primero es El poeta y el amor, balada lenta y pausada en la que la voz grave de Dalton se arrastra entre un redoblante que se repite y unas guitarras que no me parecen demasiado llamativas. La canción no es mala, pero se me antoja algo monótona. El estribillo se queda a mitad de camino entre la intensidad emotiva que amaga con adquirir y la quietud de las estrofas. El clima del principio de la canción, esa lentitud de bar en penumbras me hace pensar en algún tema de Nick Cave. Luego, el pasaje final me parece bastante lindo, El piano, la guitarra y unos coros que se van desvaneciendo le otorgan un cierre sutil, lleno de calma. Quizá no haya sido la mejor decisión poner a éste tema abriendo el disco. Por otra parte, la letra me resulta interesante en algunos pasajes, por ejemplo las descripciones de espacios naturales: "sale la luna/ toda la playa/es gris", entrelazadas a descripciones de presencias humanas en dichos espacios:"las sombras alumbran dejando bien claro tu rastro".
El tema que cierra el disco es Uno con uno, mismo. Canción con varias referencias a antiguos momentos de la banda, o sea, antiguos momentos de sus integrantes. Empezando por el título que es un juego de palabras con Uno con uno y así sucesivamente, título de otro disco de BM. Pero apenas en el comienzo, la letra nos dice "Va el pez". Se utiliza la figura de un pez para representar a alguien, ya sea el propio narrador que habla de sí mismo o de otra persona. No importa el animal en sí mismo, lo que importa es el contexto en el que se mueve; el pez nadando, a veces a favor y otras en contra de la corriente, sirve como metáfora de una persona transcurriendo la vida. Entonces ¿dónde está la reminiscencia a otro momento de la banda? En la canción La isla era un camalote, del disco Uno con uno... también se le habla a un pez. El pez es el protagonista de la canción, el pez que busca la orilla, que quiere encontrar un plan para conocer su destino, el pez que entiende finalmente que no puede saber en qué parte del camino está, que el destino no lo puede ubicar, sino que se encuentra en el presente, siempre al borde del final pero nunca en él. Ese pez posiblemente sea el mismo en Uno con uno, mismo, sólo que en ese caso se encuentra en un lugar seguro, entiende y puede ver dónde está y quién es, la isla ya no es un frágil camalote, ahora "de tierra firme son las islas". Cerrando el tema, una nueva referencia al disco Uno con uno..., más precisamente a ..Y la nave va, cuando el coro repite con una leve modificación lo que repetía el coro de aquella: "In the sun i was your help", decía Y la nave va, "In the sun i was your help, ask for my help, for my help", dice Uno con uno, mismo. Con un evidente cambio de ánimo con respecto al futuro y al modo que tiene de encarar el presente ese pez, que quizá sea Pedro Dalton, quizá la banda en general, Buenos Muchachos cierra un disco de muy alto nivel, distinto con respecto a sus antecesores pero con un marcado e ineludible estilo personal que seguramente mantendrán en sus próximos y muy esperados trabajos.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

